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Carlos Varas Príncipe: «La educación cumple un rol clarificador» / Por Nivardo Córdova

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ENTREVISTA: Nivardo Córdova Salinas (*)

Carlos Moisés Varas Príncipe (Chimbote, 1960) es un docente con mística y entrega total a su trabajo en las aulas del emblemático Colegio Nacional San Juan de Trujillo. Además de Licenciado en Educación, es un destacado escritor. Producto de sus inquietudes literarias escribe poesía y prosa, y también ha incursionado en el periodismo cultural como columnista del diario digital Río Hablador. Recientemente publicó la segunda edición de su libro de cuentos «Calín y el discurso por la patria» (2021), donde el tema subyacente es cómo plasmar una visión de un Perú sostenible, «porque como ciudadanos tenemos una responsabilidad con el país que vivimos».

– En primer lugar, ¿podrías relatarnos algunos datos biográficos de tu itinerario vital?

– En cuanto a mis datos biográficos te podría decir que yo nací en el puerto de Chimbote el 18 de marzo de 1960, los maravillosos años 60, época de grandes cambios en el mundo y creo en todos los campos. Ya de muy pequeño, tres años me parece, mis padres me llevaron a vivir en la casa de mi abuela materna Pascuala Pinillos, en Sumanique, que en aquel entonces era un pueblito rural muy parecido a Moche, que pertenecía a la que fue Cooperativa de Producción Azucarera “Cartavio”. Mis padres se conocieron en Trujillo, en un contexto laboral, formando parte de los obreros de la cadena de fábricas de conservas de pescado San Fernando. La fábrica enviaba a obreros a otros lugares cuando los requería para apoyar la producción de otros anexos de la cadena. Mis padres fueron enviados a Chimbote, el lugar en donde nací. Mi padre, Carlos Wenceslao Varas Escalante, por su habilidad y personalidad ocupaba el puesto de jefe de maquinistas en las plantas de producción y mi madre, Rosa Príncipe Pinillos también por su seriedad, asumía la función de “controladora”, una especie de jefe de varios grupos de mesas de trabajo. Mi padre era natural de Chilia, distrito de la provincia de Pataz y mi madre era cartavina. En cuanto a mis estudios, hice mis estudios de Primaria en la escuela de varones de Cartavio, en lo que en aquella época llamaban “la nocturna”. Para mi fue una época maravillosa, transcurrida entre 1972 y 1977, en la casa de mi querida abuela materna doña Pascuala Pinillos, cuya casa estaba en al Calle Salaverry, en el sector Ingenio. Era una época, según mi percepción de infante y adolescente, de esplendor de las Cooperativas Agrarias de producción de azúcar. Para mí era una vida festiva. La Secundaria la hice en Trujillo. En el colegio José Olaya, en el distrito de La Esperanza, estudié hasta el tercer grado, completando mis estudios en el colegio San Juan. Todos en la nocturna. Lo grandioso de esta etapa escolar, es que siempre era el menor de los estudiantes, pues la mayoría eran adultos trabajadores entre ellos albañiles, obreros de talleres de mecánica, de talleres de “pintura al duco”, como ellos decían. También había pequeños comerciantes. En Cartavio había alumnos que eran obreros de la fábrica de azúcar o trabajadores de los campos de caña. En el colegio San Juan tuve de compañeros a un locutor de radio que tenía un programade música romántica y al dueño de una pequeña imprenta que le renovó la cubierta, la contraportada y volvió a emblanquecer los filos de una vieja Biblia que yo tenía. Mis estudios superiores los hice en la UNT, en la Facultad de Educación, en la especialidad de Historia, Geografía, Filosofía y Ciencias Sociales. Egresé en 1994, lo que me posibilitó ingresar al magisterio en 1995. Actualmente estoy culminando un posgrado en Maestria.

– Como docente, ¿cómo ves la situación de la juventud peruana en la actualidad?

– Una pregunta muy compleja en tanto la respuesta requiere abarcar aspectos como el educativo, económico, laboral, moral y en especial su sentido de vida o mejor dicho su proyecto de vida. Veo una juventud, como decía el Señor Jesucristo: como ovejas que no tienen pastor. Una juventud sin paradigma serio que seguir. En ninguno de los campos antes mencionados la juventud tiene referentes. Actualmente se afirma que solo la tercera parte de la población logró estudiar educación superior. Habría que hacerse otras preguntas: ¿Culminaron exitosamente esos estudios superiores? ¿Hasta que ciclo o año estudiaron? ¿ lograron obtener su título profesional con inscripción colegiada incluida? Aun así, las dos terceras partes de los peruanos solo ha alcanzado estudios secundarios. ¿Qué percepción seria tienen estos jóvenes que solo han concluido la secundaria? ¿Con qué capacidad crítica pueden observar su presente y proyectar su futuro? Creo que eso explica porque los jóvenes de la actualidad cifran su futuro en ser estrellas del fútbol para ganar los millones que ganan sus héroes en ese campo. Otros la buscan como cantantes de música cumbia o reguetonera. Lo curioso del caso es que estos paradigmas son difundidos por la televisión y las redes sociales como estilos de vida llenos de vida, dinero, mujeres, autos de lujo, mansiones, etc. estas imágenes no son nada serio para el desarrollo de la juventud de un país. No existe país desarrollado y serio que esperance su desarrollo integral en el fútbol, la música moderna, estrellas del cine o la televisión. Los ejes centrales del desarrollo y modernización de una sociedad son la ciencia, tecnología, industrialización, una alta cultura y una ciudadanía altamente instruida que pasa porque por lo menos el 80 % de su población alcance los estudios superiores concluidos. En la economía que está íntimamente ligada al aspecto laboral. ¿Qué se puede esperar de los jóvenes? ¿Su ingreso al comercio informal y comercio ambulatorio? Siendo realistas y considerando que más del 70% de la economía peruana es informal, eso es lo que le espera a nuestra juventud. Un futuro incierto y poco deseable. En esas condiciones los jóvenes no pueden pensar en formar una familia estable y menos que habite en una vivienda propia.

– ¿Es posible forjar un cambio social a partir de la educación?

– La educación cumple un rol clarificador, ayuda a entender el contexto y condiciones en que se vive y forma el pensamiento para tener capacidad de iniciativa y sustentar una posibilidad de desarrollo. Sin embargo, no es suficiente. Queramos reconocerlo o no, el cambio social requiere necesariamente, cambios en la economía del país. En los años ochenta, escuche en algún lugar decir que «no hay democracia, si no hay democracia económica». Esto ya lo habían percibido los intelectuales de la Generación del Centenario, entre ellos José Carlos Mariátegui en escritos recogidos en unos libros “Peruanicemos al Perú” y “Temas de Educación”. También Luis Alberto Sánchez menciona esta relación entre educación y economía, en su libro “El Perú: retrato de un país adolescente”. Ellos mismos también mencionan que hacer cambios curriculares, crear más escuelas, es decir hacer solamente reformas educativas, no van a producir un cambio social, si con esto queremos decir desarrollo con altos niveles de vida en la sociedad. En el Perú se han hecho muchas reformas educativas y no se han producido los cambios requeridos. Seguimos con muchos problemas fundamentales irresueltas. Muchos de ellos surgidos en la colonia española como el racismo, la discriminación a la mujer y otros que nacieron con el Perú republicano como la corrupción y el desarrollo centrado en Lima y la Costa, marginando regiones de la sierra y selva. Tiene que haber un cambio social que integre la educación, la economía y junto a ello el rol fundamental de la universidad conectada con ambos, con la educación y con el desarrollo o cambios de la estructura económica del Perú.

– ¿Qué buscas a través de la literatura, tanto en narrativa como poesía?

– En primer lugar, desarrollarme en completo o como se decía en los años ochenta, llegar a mi plena realización como persona. Escribir es algo que descubrí ya en mis años de madurez, casi llegando a los 40 años. Tal vez la necesidad de trabajar y estudiar fueron circunstancias que no permitieron darme cuenta de esto. Fue en la universidad, cuando un profesor nos obligó a escribir y luego leer nuestro texto, como parte del curso de lenguaje, que se dio la oportunidad de saber que podía escribir cosas importantes. Lo que fue inicialmente un acto para calificación de un curso, se fue convirtiendo en una forma de expresar mis interiores sentimientos y pensamientos.

¿Qué busco con lo que escribo? Mario Vargas Llosa afirma que lo que un escritor escribe es su voz de rebeldía ante la realidad que vive. Es crear un mundo con el cual el escritor está inconforme. De alguna manera creo que es cierto. Escribo por forjar una mentalidad de cambio, especialmente en las nuevas generaciones. Siempre se afirma que la juventud es la generación del cambio. Ellos son el futuro de la sociedad. ¿Ahora que tipo de cambio? Una sociedad en la que las ventajas que tenemos en la costa se manifiesten en la sierra y en la selva. Que no haya zonas marginales en las que habitan los “gallinazos sin plumas” como escribía Ribeyro, una sociedad desarrollada en el campo de la industria transformativa, en ciencia y técnica.

– ¿Qué rol tiene el arte dentro de la educación y formación de una persona?

– Algunas veces he escuchado decir a mis colegas maestros del área de arte, que un proceso de humanización del hombre actual solo se podrá realizar a través de la enseñanza y práctica de alguna de las expresiones del arte. Aunque creo que la humanización tiene más que ver con que el ser humano recupere su espiritualidad, su relación íntima con Jehová o Yahvé y con su Hijo Jesucristo, el arte como parte del desarrollo de la persona aporta mucho. El arte ayuda a aflorar el mundo íntimo y recóndito del alma humana. Los recuerdos felices y grandiosos como también aquellos que impactaron profundamente tu alma. Experiencias guardadas conscientes, o inconscientes, en tu memoria. Cosas que, si no se expresan hacia afuera, pueden producir desequilibrios emocionales nefastos. Por otro lado, el arte es un mecanismo que ayuda a un proceso de ilustración del individuo. Es inevitable que tengas que hurgar en la historia en sus diversos aspectos como los procesos políticos, económicos, el desarrollo del pensamiento o filosofía, los procesos culturales para entender el arte que cultivas y a los personajes que te interesan o admiras. Es un área fundamental dentro del proceso educativo. No incorporar el arte en el programa curricular, se corre el riesgo de formar seres utilitarios, pragmáticos, instrumentalistas, un perfil perverso que vemos hoy en el Perú y en el mundo en donde desde hace más de dos décadas se vienen desmontando cursos como filosofía, formación educación cívica, historia y me parece que el arte se enseña como un mero garabateo de frases, dibujos, imágenes, etc. sin buscar sus fundamentos históricos y teóricos. Por lo menos eso veo en la escuela actual. Y creo que el problema no está en el docente sino en el escaso tiempo que se le da al área de arte dentro del desarrollo curricular. En este aspecto, el Perú y varios países latinoamericanos no han madurado. Cifran sus esperanzas de desarrollo en inversiones en cemento, programas sociales, pistas, pero su inversión en educación y cultura da mucha pena y rabia. Si comparamos a la generación actual, a la que se quiere denominar “Generación del Bicentenario”, con la “Generación del Centenario”, podemos darnos cuenta de la gran distancia que existe entre ellas. En ese sentido creo que el Perú ha seguido un proceso retrogrado. Aquí estamos peor que antes.

(*) Carlos Varas Príncipe es Licenciado en Educación, especialidad en Historia, Geografía, Filosofía y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), docente del C.N.V. «San Juan» de Trujillo, poeta y periodista cultural. Es autor del libro «Calín y el discurso por la patria» (2021) y el poemario «Bajo el sol» (2024). Sus artículos también se han publicado en los diarios «Últimas Noticias» de Pacasmayo y «La Industria» de Trujillo. Es colaborador de «Río Hablador».

(*) Nivardo Vasni Córdova Salinas, es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional colegiado y director del diario digital Río Hablador. Es estudia Maestría en Comunicaciones en la Escuela de Posgrado de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).

Cronica Digital

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional y editor cultural.

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