Marco Antonio Benavides Bargalló: una vida entre empresas y desafíos
![]()
ENTREVISTA: Nivardo Córdova Salinas (*)
Empresario peruano recuerda sus inicios en el mundo empresarial, la conducción de Matconsa, la creación del Mercado Villarreal en Trujillo, la distribución de alcohol de las destilerías de Laredo y Paramonga y el legado de sus padres como un modelo a seguir.
Marco Antonio Benavides Bargalló pertenece a una generación de empresarios trujillanos que tuvo que asumir responsabilidades desde muy joven. Hijo del empresario y catedrático Alfredo Benavides Lozano y de Matilde Bargalló de Benavides, conoció desde niño el mundo empresarial y, tras el fallecimiento de su padre, cuando tenía apenas 12 años, acompañó a su madre en la conducción de los negocios familiares.
En esta conversación con Río Hablador, recuerda aquellos primeros años, su experiencia al frente de la fábrica de ladrillos Matconsa, la distribución de alcohol de las destilerías de Laredo y Paramonga, y una de sus iniciativas más significativas: la creación del Mercado Villarreal en 1998, como respuesta a la necesidad de reubicar a cientos de comerciantes ambulantes que ocupaban las calles del centro de Trujillo.
Benavides Bargalló también evoca el Trujillo de su juventud, el recordado restaurante BBQ Mogambo y las dificultades económicas y sociales que atravesó el país. Asimismo, comparte finalmente su visión sobre la situación política del Perú y los desafíos que enfrenta el país.
La empresa familiar y los primeros años
—¿Cómo fueron tus inicios en el mundo empresarial?
Bueno, nosotros nos conocemos desde hace muchos años, desde que estudiamos primaria y secundaria en el Colegio Claretiano de Trujillo, pero para tu audiencia quisiera contarles un poco de esa historia.
Mi padre fue un gran catedrático y empresario y falleció cuando yo tenía 12 años. Mi madre asumió entonces el manejo de los negocios familiares hasta que cumplí la mayoría de edad. A partir de ese momento comencé a trabajar junto con ella para seguir adelante. Así continuamos con la fábrica de ladrillos Matconsa, que era líder en la fabricación de ladrillos en la ciudad de Trujillo. También estaba la destilería de Laredo, con la que mi padre había gestionado una sociedad con la cooperativa. Durante una época me dediqué también a la distribución de alcohol. Posteriormente, mi madre repitió una operación similar con la destilería de Paramonga. Era un sistema mediante el cual la empresa privada ponía la destilería y se encargaba de la distribución del alcohol que se fabricaba, mientras que la cooperativa proporcionaba el bagazo, que era la materia prima para producirlo.
—Empezaste entonces muy joven, siguiendo el ejemplo y el impulso de tus padres. Recuerdo, además, que nos conocemos desde 1980, cuando estudiábamos en el Colegio Claretiano de Trujillo. En aquellos años la ciudad era mucho más tranquila. También recuerdo el conocido restaurante BBQ Mogambo, el cual era de tu familia. ¿Qué recuerdas de aquella época?
Mi madre también era empresaria, incluso desde antes de casarse con mi padre. Tenía un restaurante muy conocido en la urbanización California: el BBQ Mogambo. Era muy conocido y marcó una época.
La experiencia en Matconsa
—Después del fallecimiento de tu padre, siendo todavía muy joven, y una vez terminados nuestros estudios escolares, asumiste responsabilidades en Matconsa. ¿Qué recuerdas de aquellos años, cuando tenías apenas 18 o 19 años?
Mi padre creó Matconsa por los años setenta. En aquella época, durante el gobierno de Fernando Belaúnde, hubo un fuerte impulso a la construcción. Después de su fallecimiento intentamos llevar la fábrica mejor de lo que él la había llevado, pero fueron tiempos muy difíciles. La situación económica del país afectó fuertemente al sector de la construcción y el consumo interno había disminuido bastante.
—¿Te convertiste rápidamente en adulto al asumir esas responsabilidades?
Sí. Si bien es cierto que me hice cargo de diferentes áreas de la empresa cuando cumplí 18 años, desde que salí de la escuela ya estaba involucrado en el departamento de contabilidad. También iba a la fábrica, observaba la producción y durante las vacaciones me quedaba allí. Era una manera de mirar, observar y aprender.
—¿Recuerdas dónde estaba el centro de producción de Matconsa?
Claro que sí. Estaba en el Alto Moche.
La distribución de alcohol
—Después pasaste a trabajar en la distribución de alcohol procedente de las destilerías de Laredo y Paramonga. ¿Cómo fue esa experiencia?
Yo distribuía para la empresa el alcohol que producíamos en Paramonga. Era alcohol etílico y tenía muy buena aceptación en la Sierra Central. Se producían diferentes tipos de alcohol y nosotros teníamos simultáneamente la distribución de las dos destilerías. Yo me encargaba específicamente de distribuir el alcohol de Paramonga en la serranía. Estuve algunos años dedicado a esa actividad, pero en realidad mi madre me necesitaba trabajando con ella en Trujillo, así que regresé. Mientras trabajaba en la distribución de alcohol también estudiaba en la universidad, paralelamente, en Lima. Viajaba a la Sierra Central y me quedaba allí, porque estaba un poco más cerca. Cuando regresé a Trujillo ya era imposible continuar con la distribución de alcohol. Me quedé entonces a cargo de la fábrica de ladrillos.
El nacimiento del Mercado Villarreal
—¿Qué ocurrió entonces con la fábrica?
La baja en el consumo nos obligó a cerrar temporalmente la fábrica. Liquidamos a los trabajadores y cerramos. Pero en ese momento apareció la posibilidad de desarrollar el proyecto del Mercado Villarreal. Yo tenía entonces 28 años. Había una necesidad de contar con un local para albergar a las personas que trabajaban como comerciantes ambulantes en el centro de Trujillo.
—Era una problemática muy fuerte en aquella época.
Sí. El centro estaba lleno de ambulantes. Las calles Gamarra, Ayacucho y toda la avenida España tenían una enorme presencia de comercio ambulatorio. Era muy difícil solucionar ese problema en ese momento. Entonces abrí el mercado, tratando de que parte de esa gente pudiera trasladarse allí. Eran miles de comerciantes y, inicialmente, el mercado podía albergar alrededor de quinientos. Eso fue en 1998.
—Fue, entonces, una oportunidad para muchas familias.
Sí. En ese momento el municipio estaba liderado por Pepe Murgia, quien nos dio facilidades para obtener las licencias transitorias y poder poner en funcionamiento el mercado. También hubo apoyo para instalar postes, conexiones y otros servicios. Empezamos a trabajar prácticamente en sociedad con los comerciantes: ellos pagaban la construcción de cada uno de sus puestos y nosotros íbamos desarrollando el proyecto. Incluso yo les vendía ladrillos.
—Fue también un trabajo de gestión institucional, articulando a emprendedores, comerciantes, pequeños empresarios y autoridades.
Así es.
—Se crearon otros mercados en Trujillo, pero algunos tuvieron éxito y otros no. El Mercado Villarreal, sin embargo, continúa hasta hoy.
Sí. Con la constancia de los emprendedores y comerciantes, nuestro Mercado Villarreal continuó y continúa hasta ahora. Ya se han vendido muchos de los puestos que inicialmente eran solamente alquilados. Quiero aprovechar para enviar un saludo a todos los comerciantes del Mercado Villarreal, esos queridos empresarios que han puesto el hombro para el desarrollo de Trujillo.
Trujillo, la memoria y el presente
—Esta experiencia permite conocer una faceta importante de tu trayectoria: la de empresario y promotor de iniciativas vinculadas al desarrollo de Trujillo. Ahora que resides en España con tu familia, ¿sigues atento a lo que sucede en el Perú?
Sí, naturalmente. Estoy pendiente de lo que ocurre en el país.
—En estos momentos el Perú atraviesa una nueva etapa política. ¿Cómo ves el panorama y qué expectativas tienes respecto del nuevo gobierno?
Creo que la señora Keiko Fujimori merece la oportunidad de llevar al país a buen puerto, como lo hizo su padre. El país tiene muchas necesidades y estoy seguro de que ella las podrá afrontar bien. Tiene un buen equipo. Es todo un reto poner nuevamente al Perú en la órbita que merece y pacificar el país. Tenemos ahora graves problemas de sicariato y una situación que, en algunos aspectos, recuerda a la que encontró su padre, el ingeniero Alberto Fujimori. Lo que tenemos es, en realidad, una forma de terrorismo. Esperemos y deseemos muchos éxitos al gobierno de la señora Fujimori.
Una historia que continúa
—Marco Antonio, creo que esta conversación nos ha permitido conocer mejor tu trayectoria como empresario y promotor del desarrollo de Trujillo. Espero que esta no sea la primera ni la última entrevista que podamos realizar.
También aprovecho para recordar que este año nuestra promoción «Hno. Juan Diego Píriz Macías» del Colegio Claretiano de Trujillo, del año 1986. Estamos celebrando 40 años de haber salido de las aulas. Espero verlos para participar en el desfile y las actividades. Un saludo para toda la promoción.
—Muchas gracias, Marco Antonio. Ha sido un gusto conversar contigo.
Muchas gracias a ti. Estoy aquí para cualquier otra oportunidad en la que pueda darme unos minutos para dialogar. Hay mucho por conversar.
(*) Nivardo Vasni Córdova Salinas es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional y director de los periódicos digital Río Hablador y Crónica Digital. En 2025 realizó estudios de Maestría en Comunicaciones en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Una reseña sobre su trabajo periodístico se encuentra en la enciclopedia virtual Wikipedia (ver aquí)
