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Mis recuerdos del colegio Claretiano de Trujillo / Marco Antonio Benavides Bargalló

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ESCRIBE: Marco Antonio Benavides Bargalló (*)

«Acabo de recibir una fotografía que me lleva directamente al año 1981: es la foto «oficial» de la promoción del sexto grado de primaria, sección B. Recuerdo nítidamente ese día…»

Dedicatoria: A mi esposa Geraldine y mis hijos Gabriel, Belén y Almudena.

Atendiendo la gentil invitación de mi amigo y compañero claretiano, periodista Nivardo Córdova Salinas, para publicar esta columna en el periódico virtual «Crónica digital», agradezco la oportunidad de poder escribir y contar algunos aspectos de mi vida. Es como dar cuerda al reloj de los recuerdos, ahora que peinamos canas y empezamos a comprender lo maravilloso de evocar vivencias que se quedaron plasmadas en el tiempo.

Quiero que mis hijos puedan conocer que, igual que ellos, también alguna vez fui un niño y luego un adolescente con sueños e inquietudes, aun en medio de las tristezas de la vida, como lo fue el fallecimiento de mi amado padre, cuando yo todavía era bastante joven, hecho que en ese momento no comprendí y que me llenó de tristeza y melancolía. Pero como todo joven, también encontramos espacio para sonreir a la vida, a pesar de los problemas.

Pero allí estaba la vida en un Trujillo que todavía era una ciudad llena de paz, con sus viejas calles virreinales en el centro histórico y la urbe recién en expansión. Los primeros años de mi vida los pasé con mi familia en la Urbanización Albrecht, junto al campus de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT); tengo entendido que laUrb. Albrecht fue parte de un proyecto urbanístico emprendido por el gran arquitecto y presidente del Perú Arq. Fernando Belaunde Terry en la década del setenta (quizás algún experto puede confirmar esta información). Los años ochenta vieron también la expansion urbana de la ciudad en lo que antes fueron extensos terrenos agrícolas, que los peruanos llamamos «chacras»… Así surgieron urbanizaciones como Los Pinos, La Merced, California y también El Golf, donde luego nos trasladamos.

Estudié la primaria e y secundaria en el Colegio Claretiano de Trujillo, en la época que fueron directores los sacerdotes P. Jacinto Ojeda CMF y P. Ángel Garrido CMF, religiosos de la Congregación Claretiana, fundada por San Antonio María Claret, gran santo catalán. Este año 2026, nuestra Promoción XXVII «Hno. Juan Diego Piriz Macías CMF» conmemora su 40º aniversario. Esta efeméride me llena de emoción y nostalgia.

Definitivamente aquellos fueron los «años maravillosos», asistiendo a las aulas para escuchar las clases de los maestros Linares, Huaccha, Campero, Rodríguez, Baltodano, Sagaceta, Ubaldo Urra, Pacho Vásquez Pita y Cristóbal «Pitri» Rubio, quien llevó la Selección de Fútbol del Colegio Claretiano a lograr el campeonato nacional de fútbol escolar.

Los padres claretianos eran muy buenas personas, pero a la vez estrictos. Nos enseñaban el catecismo y asistíamos a la santa misa en la antigua Capilla del plantel… Y semanalmente teníamos que confesarnos… Aun estaba el Padre Bilbao, sacerdote vasco, siempre con su boina…

Una fotografía instantánea de la Promoción XXVII «Hno. Juan Diego Piriz Macías CMF» del Colegio Claretiano de Trujillo, año 1986.

Sin duda, y creo que para todos, el recreo en el patio era un momento muy esperado. Algunos jugábamos fulbito con una chapita de gaseosa (en vez de balón), otros preferían el básquetbol, otros iban a la cancha de fútbol a «foguearse» en las grandes ligas goleadoras… Y otros, como yo, esperábamos ansiosos las clases de Educación Física, para ir a la piscina a practicar mi deporte favorito: natación. Yo practicaba mucho en la piscina del Country Club… y había buenos nadadores como Lucho Vergara o los hermanos Iyo, que ganaron campeonatos interescolares… Otras veces, en la cancha de fútbol, practicábamos atletismo, en medio de frondosos y aromáticos árboles de pino. Salto largo, carrera con vallas, jabalina, lanzamiento de disco…

Recuerdo también las clases de biología en el laboratorio, donde una vez un grupo de chiquillos en la clase de disección decidieron liberar a las palomas y se armó todo un bullicio…

Y en los recreos siempre íbamos a refrescarnos y comer algo en el puesto de «Perico»…, un amable señor que durante varias décadas regentó el puesto de sánguches y golosinas. Los más pedidos: el pan con hotdog (acompañado de col y mayonesa), el clásico «pan con tamal» y siempre con el jugo «Liber», famoso producto trujillano procedente de la fábrica de don Guillermo Ganoza Vargas, personaje muy querido y fundador del Concurso Nacional de Marinera del Club Libertad

Y a la salida del plantel, siempre estaba el famoso «Tori», con su carretilla con una cajita de cartón de donde salían, como por arte de magia, pequeños platitos de plástico con ceviche y papa rellena.

Acabo de recibir una fotografía que me lleva directamente al año 1981: es la foto «oficial» de la promoción del Sexto grado de primaria, sección B... Recuerdo nítidamente ese día: los profesores y el director nos avisaron en la víspera que debíamos ir con el uniforme y bien peinados. En un momento de la mañana nos llevaron a la entrada del colegio, nos hicieron formar ordenadamente y ¡flash!, quedó inmortalizado ese momento mágico. Luego de la sesión, todos salieron corriendo. Semanas después llegó el fotógrafo con un paquete de fotos, donde aparecíamos sonrientes y entusiastas. Estas son algunas vivencias, que en este momento de mi vida, quiero compartir con mi familia, con mi esposa e hijos, y como una muestra de aprecio a los buenos compañeros claretianos.

(*) Marco Antonio Benavides Bargalló es un empresario peruano nacido en la ciudad de Trujillo (Perú) en 1970. Es egresado de la promoción XXVII «Hno. Juan Diego Piriz Macías CMF» del Colegio Claretiano en Trujillo, año 1986.

Cronica Digital

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), periodista profesional y editor cultural.

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